Estoy muerto... definitivamente muerto. La flecha me ha dado y ahora debo sufrir las consecuencias.
Me mareo, el estomago se me revuelve, tengo fiebres rápidas y repentinas.
El impacto de la flecha se propaga por todo el cuerpo... poco a poco veo que se me va la razón.
Mi amiga en medio del campo de batalla se acerca y me das sus consejos, pero como terco que soy, los rechazo y le digo que no necesito su ayuda. Agonizante ya, se me acerca mi amig y dice que debo luchar, que la flecha no es nada, que debo superarlo y que sobre todo debo luchar.
No es la primera vez que me impactaba una flecha, pero no como esta vez, esta vez es grave. Caigo en un abismo de desesperación e impotencia. La herida sangrante de mi pecho hace escocer mi alma. Y ahora en mi lecho de muerte... de la muerte de quien soy... de mi razón... me pregunto a mi mismo: ¿Por qué demonios no les haría caso?
No era la primera vez que me daba una flecha. No era la primera vez que el maldito amor me mandaba una flecha a mi corazón, pero esta vez era distinto.
.jpg)